| Todavía no tiene un voto, siendo el primero de ellos es que los votos! |
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| 206 Era una vez una pareja que estaba durmiendo y de repente dice la señora:
¡Mi marido, mi marido!
En eso sale el señor corriendo hasta que llega al parque y dice:
Pero, si yo soy su marido.
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| 207 La mejor forma de conseguir que tu esposa te escuche atentamente es hablar en sueños.
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| 208 Se encuentran dos amigos y se saludan mutuamente:
¡Hola Pedro!
¡Que tal Cornelio!
Oye, dice Cornelio, sospecho que mi mujer me engaña.
¿Que te engaña, Cornelio?
Sí, porque ya no cumple sus deberes de esposa, ni siquiera sabe comprarme regalos de mi agrado. Fíjate que la semana pasada, mientras yo trabajaba en el turno de la noche se le ocurre comprarme un par de zapatos de colores mezclados.
¿De colores mezclados?, pregunta Pedro.
Si, uno marrón y uno color negro, contesta Cornelio y añade, a propósito como los que llevas puestos tú pero a la inversa.
Cornelio se dispara una carcajada y exclama:
¡Por lo menos no soy el único!, dice Pedro un poco sudoroso: ¡Por eso somos amigos!
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| 209 Este era un matrimonio que estaba discutiendo, entonces al tiempo de estar discutiendo llegaron a un punto en que la mujer dijo:
¡Para que tú sepas, el mayor no es tuyo!
En eso empieza el marido a reírse con todas sus ganas, y le dice la mujer:
¡Pero bueno!, encima de que te enteras que el primero no es tuyo, te ríes, dijo la mujer indignada.
Me río porque el menor tampoco es tuyo. Te acuerdas de cuando llevabas tres días mala en el hospital después de nacer el pequeño, me dijiste que cambiara al niño, pos te lo cambie por el de al lado.
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| 210 Un tipo que era el presidente de un club denominado "Esposos que no temen a sus esposas". Y por cierto, había convocado a una junta directiva. Cuando todos los miembros del directorio estuvieron presentes y de pie alrededor de una mesa para juntas, el presidente exclamó:
¡Oh! Ilustres y distinguidos esposos que no temen a sus esposas, tomen asiento, todos se sentaron excepto el presidente. Los demás directores vieron esto con mucho asombro; se preguntaban entre sí, cuchicheaban, mostraban su extrañeza al ver que el presidente del club "Esposos que no temen a sus esposas", no se había sentado, sino que permanecía de pie,
uno de los miembros de la junta se atrevió a preguntar:
Dígame señor presidente, ¿Es que acaso usted teme a su esposa?
A lo que el presidente respondió:
No, no le temo pero, ayer me dio una tremenda paliza que no me puedo sentar...
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